Los problemas que causa chuparse el dedo

Chuparse el dedo afecta a los dientes y el habla

 

Chuparse el dedo es un hábito frecuente en los niños que tiene graves consecuencias sobre su dentadura.

Es un reflejo innato, tanto que se ha visto en ecografías a fetos de 13-14 semanas de gestación chuparse el dedo y algunos llegan a nacer con una pequeña ampolla en el pulgar por el tiempo que han pasado en el útero de su madre con él en la boquita. Chuparse el dedo es para los bebés y niños una forma de relajarse similar a la que sienten cuando le das un chupete. Los movimientos de succión liberan endorfinas, unas hormonas que les ayudan a relajarse. Por eso es especialmente frecuente que los pequeños se lleven el pulgar (el dedo preferido de la mayoría de niños) por las noches para ayudarse a conciliar el sueño o cuando están nerviosos o enfadados por algo.

 

Los posibles inconvenientes de chuparse el dedo

El problema de este acto se da cuando se convierte en una constante y se prolonga demasiado en el tiempo. Se estima que un 5% de los niños de 6 años continúa chupándose el dedo cuando a partir de los dos ya deberían dejar el chupete y el pulgar como herramientas para relajarse. No hacerlo tiene consecuencias a nivel maxilofacial, dental e incluso del lenguaje.

  • Provoca un cambio de orientación en las arcadas dentarias, desplazándose la superior hacia delante y la inferior hacia dentro de la boca.
  • Causa problemas de maloclusión dental, como la mordida abierta, ya que no hay contacto entre los incisivos superiores e inferiores al cerrar la boca.
  • El empuje del pulgar hacia arriba deforma el paladar, haciéndose cada vez más convexo.
  • No permite el correcto desarrollo del maxilar superior por la incorrecta posición de la lengua, que no puede situarse donde debiera al estar el dedo ocupando ese espacio.
  • Todas estas modificaciones de la lengua y el paladar tienen consecuencias sobre la capacidad de hablar de tu hijo, ya que ambos intervienen en la fonación y la pronunciación de las letras. Los niños que tienden a chuparse el dedo presentan dificultad para pronunciar los fonemas /t/, /d/ y /l/, cecean y sesean.

 

Cómo ayudarle a dejar de chuparse el dedo
Alcanzar determinados hitos del desarrollo, como caminar, hablar, comer o vestirse solo, no es un proceso lineal e igual en todos los niños y puede que tu hijo necesite algo más de tiempo para abandonar este hábito que tanto te incomoda. Pon en práctica estas pruebas para ponerle remedio:

  • Intenta detectar las situaciones que le ponen especialmente nervioso y hacen que se chupe el dedo: si es cuando os quedáis a oscuras, cuando tú juegas con su hermanito y no con él... Habla con él para explicarle que no tiene por qué alterarse de una forma sencilla.
  • Enfadarse con el niño, reñirle o castigarle sólo hará que se ponga aún más nervioso y tenga más ganas de chuparse el dedo. En lugar de eso establece un sistema de premios cuando pase un día sin hacerlo (puedes darle una chuchería), una semana (iréis a jugar a su parque favorito), un mes (le comprarás un juguete)...
  • Buscad juntos un sustituto que le ayude a relajarse pero que no sea el chupete (se trata de acabar con el hábito, no de sustituirlo por otro igualmente perjudicial). Puede que le ayude colorear, dar algunos saltos, darse un baño...
  • Acude a revisión con el odontopediatra con más frecuencia de la habitual (cada dos meses como mucho) para que compruebe cómo está afectando este hábito a su boca y se puedan poner los remedios necesarios para solucionarlos. Los tratamientos de ortodoncia son los más efectivos y útiles a largo plazo para este tipo de problemas; eso sí, es necesario que el niño deje de chuparse el dedo tan pronto como empiece a usar los brackets. La textura de estos y del arco de ortodoncia suele desagradarles y en muchas ocasiones la ortodoncia ayuda a que dejen de chuparse el dedo.

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