Los daños del azúcar sobre los dientes

El azúcar, enemigo de los dientes

Consumir un exceso de azúcar puede tener efectos nefastos sobre nuestros dientes.

El doble de la cantidad diaria recomendada. Así estima la Organización Mundial de la Salud (OMS) que maltratamos nuestros dientes en lo que consumo de azúcar se refiere. Y es que, lejos de lo que puedas pensar, el azúcar es un elemento que no está presente sólo en las chucherías o la bollería industrial. Los refrescos, los zumos envasados, las galletas de tu desayuno y los alimentos que tomas en cada comida contienen también una cantidad variable de azúcar.
Diversos estudios revelan que nuestro consumo diario de azúcares ronda los 90-100 gramos, el equivalente a unas 24 cucharaditas de azúcar, cuando lo recomendable es no sobrepasar las 12.
Además de tener sus efectos negativos sobre nuestro organismo y nuestro peso, el azúcar daña nuestros dientes de una forma muy agresiva.

Las consecuencias de un consumo elevado de azúcar

Cuanto mayor sea nuestro consumo de azúcares, mayor será también el riesgo de que nuestra boca deba hacer frente a diversas patologías. La más frecuente de ellas es la caries, que en la mayoría de los casos está precisamente causada por tomar demasiada azúcar. Este es el caso, sobre todo, de los niños, consumidores potenciales de alimentos azucarados como chuches y pasteles y que tienen una técnica de cepillado menos afinada, lo que hace que los restos se eliminen mal, permanezcan en nuestros dientes y vayan dañándolos.
Pero además, el azúcar hace que aumente la producción de ácidos en la boca, una sustancia que erosiona el esmalte hasta llegar a destruirlo y también se favorece la acumulación de biofilm oral entre los dientes y las encías, lo que abre la puerta a la gingivitis.

Cómo evitar los daños del azúcar sobre los dientes

Obviamente el mejor consejo que podemos daros es que reduzcáis al mínimo posible el consumo de azúcar: la miel es un excelente endulzante sustitutivo del azúcar, las tostadas de pan con aceite y sal son más sanas que las de mermelada y los chicles sin azúcar son igual de dulces que los que la contienen.

Pero como asumimos que es muy difícil renunciar a estos pequeños placeres, lo más sensato que podemos pedirte es que evites consumir todo tipo de alimento azucarado así como zumos envasados y refrescos entre horas. ¿La razón? Lo más habitual es que nos cepillemos después de las comidas principales del día –desayuno, comida y cena– mientras que los picoteos pasan desapercibidos. Si consumimos los alimentos con azúcar en estas tres comidas principales y después nos cepillamos, usamos seda y enjuague bucal, lograremos minimizar sus efectos. En cambio, si los tomamos para merendar y no nos cepillamos hasta después de cenar, el azúcar habrá campado a sus anchas por nuestras piezas durante horas.
Si a esto le sumamos una buena higiene dental con productos adecuados y las visitas regulares al dentista para comprobar que no necesitamos ningún empaste, podremos permitirnos algún pequeño capricho sin que nuestra boca esté en riesgo.

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